Es la peste que dejas cuando te quedas. Es estar pensando en ti cuando corto mis cabellos. Es lo poco que te importa la lluvia que quiebra mi cabeza. Cada junio, cada día, cada sueño que me dices que me quieres. Que sofoco tu presencia andando por la calle. Es en junio cuando se ahogan las cañerias y botan las tapas de la alcantarillas, revientan a lo alto para ser rescatadas como freesbe dando a parar en la boca de algun perro, mejor de un cocodrilo nadando entre las corrientes de agua helada de la avenida central. Alcantarillas que invernaron entre basura, entre la mierda que dejamos, entre la porquería que somos. Entre la mugre de tus dedos. Tus dedos que ya no truenan con los mios.
Fue ese día que maldije por la ventana, con una helada en una mano y con la otra saludando desde la ventana. No volteaste. Pero subiste. Me saludaste. Me abrazaste. Me dijiste. Me callé. Maldigo en mis pensamientos. Maldigo mientras me baño. Con agua caliente. Con temor. Con impaciencia. Con tristeza.
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