Me convencía cada mañana que la noche sería estar sin ti. Me convencía al desayunar que lo dulce no era para mi. Si miraba por mi ventana podía ver los cientos de hojas flotando sobre el suelo, como si yo misma pudiera flotar sobre ellas. Dejarme caer y mirar el cielo que es tan difícil de ver. El cielo tan azul que lo he olvidado. Tan profundo que lo he subestimado. Me convencí que el dejarme caer sería no caer parado. Dejarme flotar. Dejarme. Dejarme pensar que merezco algo dulce por la mañana. Dejarme intentarlo. Dejarme sentir el tener algo en qué creer. Me convencí que decidir entre dejarse caer sería tan frágil como dejar de creer.
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