Ha sido la puerta del baño la que tenido que empujar dos veces, porque el aire se ha vuelto pesado. Mi sucia servilleta ya ni sirve para guardar los restos de los gritos que he arrojado.
Hay un caballo que mira sobre mi hombro derecho, y me dice que hay más pecas en mi espalda que el año pasado. Es la sombra de una señora que espera a que voltíe cada que me sirvo café para entonces desaparecer. Hay gente mirando, hay gente ignorando.
Son manchas en mi nariz que me dicen que hacer, que me dicen "déjalo aquí!"
Es un vagón, grande y burlón, que me empuja a la esquina de un negro sillón.
Es el querer oirte y tener que reemplazar su sonido por rascar la pared.
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