- Hay algo que quiero decirte
- Ahorita?
- Si, puedo?
- No me digas nada, por favor.
Y se fue, tenía que atender a unos clientes. Yo pase de lado al mostrador intrigada. Intenté buscar su mirada con la mía, pero fue imposible. Había gente más alta que yo dandome la espalda. Había gente que quería comprarle, había gente que quería escucharle. Me pregunté, si en realidad quería escuchar eso (eso que quería decirme), si solamente lo que rondaba por mi cabeza sería más fácil de creer si lo escuchara decir de su boca o si mejor fuera que siguiera perteneciendo en mi cabeza, sí... como una duda. Yo siempre dudo.
Seguí caminando. Busqué entre los estantes, estantes de libros y chucherías, escoger algo para regalarle. Y me preguntaría ¿para mi? ¿por qué?, y yo le pediría que guardara silencio, y luego le abrazaría.
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