Simplemente llegarías de frente, haciendome irreconocible y yo esperaría, que se terminara una canción, que no hubiera más que leer, que probablemente anocheciera (me gusta que anochezca y verte), que hubiera alguna pluma o un papel que rayar.
Y la gente de alrededor pasaba de lado a lado desapareciendo como si fueran contratados por una empresa contratadora de extraños para dar pasos enfrente de mi, y perderse de mi vista a un tiempo exacto, a una distancia exacta marcada con maskintape marcada en el suelo sin que yo pueda darme cuenta, sin hablarme, pero si... si probablemente intercambiando algunas miradas con pensamientos que no tienen sentido alguno. Y con la coincidencia de a quienes voltíe a ver, se estaban sacando los moquitos, como si me hubiera equivocado de verlos, como si perdieran toda intimidad y comenzaran a hacer cualquier tipo de movimiento que estuviera fuera de cualquier verguenza, dirijí mi vista hacía otro lado, lo más cercano, el suelo, el cielo, y gente diminuta del otro lado de la acera.
Y en fin, yo solo quería una pluma y no la tenía, quería una canción y ya no había bateria, quería leer y solo había un revista que ya había hojeado el día anterior y anterior. Y luego ahí estabas caminando de lado a lado, del otro lado de la acera, como una persona diminuta. Te reconocí, me pare, me reconociste y espere.

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