Pero estaba lloviendo y "¡que aguacero!" estaba cayendo, pero no importa.
Tienes cuarto nuevo. Nueva vista. Vista al balcón y a la calle. A una avenida transitada (no de tu agrado, pero no podías pedir algo mejor), donde tenías esperando a tu novio-amigo con una chica, sentados sobre un tapete en la banqueta. Ellos platicando. Pero "¡que tonto!" (pensabas entre otros corajes) como no cuida al gato. Un gato que no metías junto con la mudanza porque estaba mojado. Y es que "¡no sabe hacer nada bien!" mientras a tu novio-amigo se le escapa de las manos (pero él lo disimula porque no sabe que tu lo ves desde el balcón). No le importa como a ti si. Y tu te enojas mientras bajas rápidamente escalones, y con las ganas de llorar temes que atropellen a un gato tan pequeño.
Cuarto nuevo. Aislado de tus padres. Pero compartiendo un segundo piso con tu hermano mayor. No importa, "¿o prefieres el cuarto de servicio?". Entonces te asomas, el cuarto de servicio no se encuentra como lo esperabas. Sino con un estanque lleno de agua sucia y un lavadero en el piso del otro lado. Tendrás que agacharte para lavar la ropa, como si estuvieras lavando en el río como aquellos viejos tiempos donde no había un techo donde alojarse.
Suena un timbre. Es el micro-hornito. Los molletes están listos. Y dejaste a aquellos viendo películas en la vieja sala de cine. Huele bien.
No hay comentarios:
Publicar un comentario